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2014/09/29

Las confusiones entre fueros y fuerismos

Las confusiones entre fueros y fuerismos  
Tomas Urzainqui Mina, Iruinea-Nabarra

Las diversas tendencias ideológicas en Navarra a lo largo de los últimos doscientos años se han posicionado todas ellas con relación a la misma realidad objetiva, “los fueros”, realidad -que con la conquista continuada y sus efectos sobre los fueros- queda todavía más confirmada como núcleo sustancial jurídico-político de esta sociedad.

No se debe hablar de las ideas subjetivas de los “ismos”, “fuerismo”, “nacionalismo”, sin tener presente a la vez los conceptos objetivos, “fueros” e “independencia”. La necesidad de poner en relación lo objetivo y lo subjetivo, viene dada no solo por el imperativo general del ser humano que influye con su propensión fabuladora, que le inclina, podemos decir que casi genéticamente, a convertir las situaciones objetivas y reales, en relatos más o menos interesados, cuando no fantasiosos, a menudo contrapuestos a la realidad, confirmando aquello de quedarnos en las ramas sin ver el bosque. Sino que, como consecuencia del negacionismo inducido por la conquista continuada que padece la sociedad navarra, se oculta la realidad objetiva de los fueros de la libertad y la independencia.

La realidad objetiva es la existencia de una sociedad independiente con sus leyes, los derechos propios o fueros, la conquista de Navarra, y además en una realidad actual y presente, por tratarse de una conquista continua o continuada. Pero por otro lado la conquista es hoy ocultada y manipulada, también por diversos motivos.

El patriotismo navarro se manifiesta transversal, con mayor o menor intensidad, en todo el abanico ideológico. Ciñéndonos a la época contemporánea se pueden agrupar las diferentes visiones, que se generan alrededor del hecho central de la conquista continua y su efecto sobre los Fueros, en las siguientes tendencias:

1.- Fuerismo ilustrado: Asentado en el tercer estado de las Cortes de Navarra, algunos de cuyos miembros eran de la Real Sociedad Vascongada. (Vidarte). 2.- Fuerismo aristocrático (Guendulain, Elío, Ezpeleta.). 3.- Fuerismo liberal (Vidarte, Sagaseta, Xavier Mina, Ochoa, Ozcariz). 4.- Fuerismo dinástico-absolutista (carlista). 5.- Fuerismo dinástico-liberal: conservador. 6.- Fuerismo republicano y federal (Olave, Landa). 7.- Fuerismo euskaro: napartarra (Aranzadi, Campion, Oloriz). 8.-Fuerismo y nacionalismo vasco (antepone una idea de la nación, étnica y lingüística a sus derechos y libertades negadas). 9.-Fuerismo y unionismo (el dictador Primo de Rivera fundó su partido único llamado Unión Patriótica española, los miembros y sucesores del mismo constituyeron sucesivamente Unión Navarra y UPN). 10.- Fuerismo y socialismo: republicanos (Salinas, García Larrache). 11.- Fuerismo de juristas patriotas (Sagaseta, Morales, Oroz, Santamaría Ansa, Salinas Quijada)


Por ello, no hay que confundir el objeto jurídico-político, los Fueros, con las diversas tendencias ideológicas sobre los mismos. Conceptos o realidades objetivas: fueros, independencia. Conceptos subjetivos: “ismos”, fuerismo y nacionalismo. 

En estos momentos en que el régimen político imperante se tambalea, y no sólo por la crisis económica global, surge el interés entre la vapuleada ciudadanía por saber qué son y qué no son los Fueros. Ante todo los Fueros son la legalidad legítima y propia, fruto de la libertad, soberanía e independencia de la sociedad navarra, sus leyes públicas y privadas, políticas, constitucionales, administrativas y civiles, mientras que no son Fueros, como sostienen algunos, los falsamente llamados pactos, imposibles por desiguales. Por otro lado, el hecho de que todas las tendencias ideológicas se prediquen fueristas, muchas veces de forma exclusiva y excluyente, hace que los perfiles de los fueros resulten a menudo desfigurados.

La realidad objetiva del Estado navarro y de la nación navarra independiente:

• Navarra, sujeto político, nacional e internacional, tiene legitimidad, legalidad, unidad, territorialidad, jurisdicción, sociedad y soberanía.

• Asamblea Nacional, ideada en el tercer estado de las Cortes de Navarra en 1795, sistema jurídico navarro, Estado navarro, España veta en 1830 su reconocimiento. En el Tratado internacional en 1856, figuran las dos Navarras.

Además esa apariencia de universalidad que sostienen algunos, a la vez con tintes muy folclóricos, sólo busca ocultar la conquista continuada de Nafarroa Osoa, así como la negación del Estado y Nación propia. Es la tácita afirmación de que la ciudadanía de Nafarroa Osoa no sería universal, por lo que necesitan un seudouniversalismo apátrida y folclorista, así sólo quedarían con la condición de universales de verdad los ciudadanos de España y Francia. Se trataría de, en resumen, levantar una dicotomía: “Folclore sí Derecho no”, profundizando en la trivialización de todo lo referente a esta nación conquistada, que para ello tiene que ser sutilmente minorizada, vulgar, banal, superficial, marginal, torpe, hosca, primitiva y simple.

A mi entender, no se puede afirmar científicamente que Euskal Herria haya creado a Navarra. Ambas no existían como tales en el siglo VII, era el tiempo de la Vasconia. La unidad política y estatal de la Nafarroa Osoa hizo posible la unidad lingüística posterior de Euskal Herria y no al revés. El tema de los supuestos orígenes lo están utilizando los adversarios de la realidad de la Nafarroa Osoa, alegando que Euskal Herria ya existía antes, para algunos de ellos desde hace miles de años. No es un asunto baladí, tiene además calado político actual. Nafarroa surge como consecuencia de las duras vicisitudes políticas que estaba teniendo Vasconia en la antigüedad tardía, durísimamente violentada por las invasiones sucesivas de musulmanes y francos. Es el triunfo político de Nafarroa, primero como reino de Pamplona, frente a francos, normandos, leoneses y musulmanes, lo que hace posible el nacimiento de Nafar Herria, la tierra donde habitan los que se gobiernan por su propias leyes independientes de los poderes extranjeros y que hablan la lengua de los navarros, o euskaldunes, antes de la dialectización sobrevenida con las conquistas continuadas de la Navarra Entera que llegan hasta el presente.

2014/09/26

La tierra de Bizkaia, breves apuntes históricos

La tierra de Bizkaia, breves apuntes históricos
VV.AA.

De comarca vascona a señorío castellano

Bizkaia era una comarca más englobada dentro del Ducado de Baskonia, el cual fue creado para controlar a todos los vascones por los francos. Pero durante las épocas en las cuales los vascones se hicieron con el mismo, más concretamente durante los gobiernos de Otsoa I Lupo y de su hijo Eudon I el Grande, dicha región fue invadida y posteriormente saqueada junto a otras zonas occidentales vasconas, por parte de las tropas de Alfonso I de Asturias. El asturiano se aprovechó de las luchas que sostenían los vascones contra los francos que pretendían someter nuevamente al pueblo vascón tras una pequeña tregua para frenear juntos la invasión musulmana.

La alianza entre el rey de Oviedo, Ordoño I y el segundo rey de los nabarros o vascones independientes, García Iñiguez de Pamplona, conocido por los musulmanes como el emir de los baskunis, no significó de un retorno de las comarcas occidentales vasconas al yaEstado nabarro. Así pues, en la comarca de Bizkaia fueron continuas las sublevaciones vasconas contra el poder extranjero de los astures, destacando entre ellas la que da lugar a la batalla de Arrigorriaga en el año 870 contra el rey de Oviedo, Alfonso III.

La comarca de Bizkaia junto a las demás zonas occidentales vasconas, se liberó definitivamente de la imposición astur-leonesa, al formar parte del Reino de los nabarros o vascones independientes durante el gobierno de Sancho I Garcés de Pamplona, quien mantuvo una fuerte alianza con el rey astur-leonés Ordoño II, frente al poder militar musulmán de Abd Al-Rahman III.

Es durante el reinado de el señor de los vascones, el monarca nabarro Sancho III el Mayor se recuepra Bizkaia y otras tierras occidentales para los vascones o nabarros. Sancho III de Pamplona tras casarse con la hija del conde Sancho de Castilla, firmó con éste un tratado fronterizo en el año 1016, delimitando de una vez por todas, cuales son las tierras de los nabarros y cuales son las de los astur-castellanos, quedando así la comarca de Bizkaia dentro del Reino de Pamplona a semejanza de los tiempos del Ducado de Vasconia.

“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.*

La tenencia de la comarca de Bizkaia, recae por orden de el Mayor, en Fortún Galindones, que hasta entonces había ostentado la importante regencia de Naiara o Nájera. Posteriormente la tenencia de Bizkaia pasa a manos de Eneko Lúpiz, el cual aparece en algunos documentos nabarros durante el reinado de Sancho III, con el título de conde, a pesar de ser un tenente o señor sin jurisdicción, es decir, ni dominio feudal.

Ante invasión de la parte occidental del Reino de Pamplona llevada a cabo por las tropas castellanas, rompiendo con ello el tratado fronterizo del año 1016, y tras la derrota nabarra en Atapuerca en el año 1054, Eneko Lúpiz, tenente de Bizkaia, se mantuvo fiel al nuevo rey nabarro Sancho IV de Pamplona, a pesar de las promesas lanzadas por el invasor Fernando I de León y Castilla.

Gracias a su lealtad y tras la muerte de Eneko Lúpiz, le sucedió en la tenencia su hijo Lope Iñiguez, el cual se adhirió en el año 1076 tras el magnicidio del rey nabarro en Peñalen, al monarca castellano Alfonso VI cuando este ocupó rápidamente las tierras de la Rioja, lo que le valió recibir el título a perpetuidad por parte del monarca castellano-leonés de señor de Vizcaya, título que recayó tras su muerte en su primogénito, Diego López de Haro.

Tras la muerte del rey de Pamplona, Alfonso I el Batallador, Lope Díaz de Haro señor de Vizcaya, entró junto a las tropas castellanas de Alfonso VII en las tierras nabarras, recuperando así las posesiones que le habían sido otorgadas a su abuelo desde Castilla tras su traición al Reino de Pamplona. Dichas tierras momentáneamente habían sido recuperadas para el Reino vascón por el Batallador.

A la muerte de Alfonso VII, rey de Castilla, el señor de Vizcaya vuelve a rendir vasallaje a su sucesor e hijo Sancho el Deseado, obteniendo por ello un nuevo título, el de Alférez Real de Castilla, como aparece en diverso escritos desde el año 1158.

Señorío insurrecto en el reino de Castilla y León

Diego López de Haro II sustituyó a su padre Lope Díaz de Haro II, como titular del señorío de Vizcaya, llegando incluso a poseer los señoríos y gobiernos de tierras originariamente vasconas y nabarras, como son las de la Bureba, Rioja, Castilla la Vieja, Belorado, entre otras, junto a la prestamería de Nájera, las cuales estaban antiguamente englobados dentro del Reino de Pamplona según el tratado de 1016. También mantuvo el título de Alférez Real de Castilla hasta que en el año 1201, año en el cual renegó del Reino de Castilla y buscó refugio en la corte de Sancho VII el Fuerte, rey de Nabarra.

Esta sedición del reino castellano le valió la confiscación de todos sus bienes y tuvo como consecuencia directa para el Reino de Nabarra, que las tropas castellanas sitiaran la ciudad de Lizarra, donde se encontraba el señor de Bizkaia bajo protección del monarca nabarro durante el año 1202. La dama nabarra Blanca, intentó sin conseguirlo, mediar con el rey castellano Alfonso VIII, llegando a realizar algunas vistas a la villa de Alfaro en el año 1203 y a Campillo de Tarazona en el año 1204, pero el monarca castellano no aceptó nada de lo expuesto por Blanca de Nabarra y así, Diego López de Haro II tuvo que dejar el Reino vascón y refugiarse entre parientes en León, mientras que las tropas castellanas tomaban el Señorío de Bizkaia en el año 1205. En el año 1212, ya con el perdón otorgado por el rey de Castilla, el señor de Vizcaya encabezó un tercio del ejército cristiano en la batalla de Las Navas de Tolosa. Concretamente el tercio central, el cual estaba formado exclusivamente por las tropas de Reino de Castilla.

Su hijo Diego López de Haro III, sirvió con fidelidad a su tío el rey Fernando III de Castilla y León, entre los años 1237 y 1240. Ese último año intentó rebelarse contra su tío el rey de Castilla y León desde su feudo en el señorío de Vizcaya. Fue desterrado por dicho levantamiento. Después de distintas oposiciones, el rey de Castilla y León le perdonó y nuevamente regresó al señorío de Vizcaya donde acabaría sus días, no sin antes realizar una nueva sublevación, siendo apresado esta vez por Alfonso, hijo del monarca de Castilla y León. Posteriormente lograría por segunda vez el perdón del rey de Castilla y León, manteniéndose al lado del castellano Fernando III hasta la muerte de éste, ocurrida en mayo del año 1252. El rey Alfonso X de Castilla y León, conservó para Diego López de Haro III el mismo cargo que le había devuelto su padre, que era el de Alférez del Estandarte Real del Reino de Castilla y León. 

En abril del año 1282 Sancho IV fue nombrado rey de Castilla, estando casado éste con una hermana de la mujer del nuevo señor de Vizcaya, Lope Díaz de Haro IV, por lo cual, el titular del señor de Vizcaya se emparentaba con el titular del Reino de Castilla. Esto no impidió que el nuevo señor de Vizcaya mostrase un continuo enfrentamiento con el rey de Castilla, que acabaría con su vida a manos de un caballero castellano tras intentar asesinar al mismísimo rey castellano, en una reunión mantenida en Alfaro en el año 1288.

Tras la muerte dada a Lope Díaz de Haro IV, los ánimos entre el señorío de Vizcaya y el Reino de Castilla, no se calmaron. Su hijo Diego López de Haro IV se unió a los Reinos de Nabarra y de Aragón para combatir al rey Sancho III de Castilla y León, posicionándose junto a estos, por el pretendiente al trono castellano-leonés Alfonso de la Cerda, pero la campaña militar contra las fortalezas castellanas no le fue propicia para Diego López de Haro IV. Así pues,  fueron cayendo en manos castellanas, uno tras otro, varios pueblos enmarcados en el señorío de Vizcaya, siendo los más destacables entre ellos Labastida, Orduña y Balmaseda.

Su hermana María Díaz de Haro I, casada con el infante Juan de Castilla y León desde el año 1287, se hizo momentáneamente al cargo del señorío de Vizcaya tras la muerte de su hermano. En Octubre del año 1326, Juan es asesinado en la localidad de Toro por mandato de Alfonso XI, nuevo rey de Castilla y León. El hijo de María Díaz de Haro I, también llamado Juan el cual fue infante de Castilla y León, no llegó a tomar posesión del señorío de Vizcaya, pues todavía estaba en poder de su madre María Díaz de Haro I cuando murió.

Alfonso XI de Castilla y León intentó hacerse con la propiedad del señorío de Vizcaya a base cuantiosas sumas de dinero, sin lograrlo. María Díaz de Haro I, renuncia al señorío de Vizcaya, en beneficio del marido de su nieta María Díaz de Haro II, Juan Núñez de Lara en el año 1334. Ese mismo año, Alfonso XI de Castilla y León intentó apoderarse del señorío de Vizcaya, declarándose en la práctica una verdadera guerra entre castellanos y vizcaínos.

Las tropas de señor de Vizcaya tuvieron que retirarse hasta San Juan de Gaztelugatxe. Esta era una posición estratégica que servía para vigilar y controlar el mar. El señor de Vizcaya, Juan Nuñez de Lara, junto a varios caballeros y sus mesnadas, se atrincheraron en la fortaleza a orillas del Cantábrico. Entre ellos se encontraban los bermeanos Juan de Mendoza y Martín de Arostegi. Resistieron una y otra vez las feroces y violentas acometidas del rey castellano durante más de un mes, lo que obligó al monarca castellano-leonés a retirarse, dejando a su ejército en pie de guerra. Pero la seriedad y osadía de los sitiados, obligó la posterior retirada de manera definitiva, de las tropas castellanas. 

Juan Núñez de Lara y Alfonso XI de Castilla y León, firmaron la paz a efecto de concertaron, abdicando el rey castellano de sus pretensiones sobre el señorío de Vizcaya en María Díaz de Haro II, mujer de Juan Núñez de Lara. La hija de estos, Juana Núñez de Lara I, estaba casada con el hijo natural del rey castellano, Tello, y sería la titular del señorío de Vizcaya al morir su hermano a los cinco años. Su enlace matrimonial facilitó la paz dentro del señorío de Vizcaya, hasta la guerra civil que se produjo por el trono de Castilla-León entre Enrique y Pedro.

Pedro mandó matar a la señora de Vizcaya en el año 1359 y su marido Tello, se posicionó definitivamente por su hermano Enrique. Junto a él también lo hicieron varios caballeros vizcaínos presentándose todos en el campo de batalla de Calahorra, portando incluso el señor de Vizcaya el pendón Real de Castilla-León. Tras la fácil victoria, Tello se retiró al señorío de Vizcaya consiguiendo la paz entre los distintos linajes o familias existentes dentro del señorío en el año 1366.

En enero del año 1367, teniendo como telón de fondo la guerra civil dentro del Reino de Castilla y León, Carlos II de Nabarra y el príncipe Negro, Eduardo de Gales, lugarteniente de su padre Eduardo III de Inglaterra en la Guyena y Aquitania, aliado natural del monarca nabarro contra el Reino de Francia, firmaron una alianza con Pedro I de Castilla y León en Libourne. El apoyo anglo-nabarro en la defensa de los derechos de Pedro I como rey de Castilla-León, tenía como contraprestación la devolución de las comarcas de Araba, Errioxa y Gipuzkoa al Reino de Nabarra, mientras que el señorío de Vizcaya fue prometido al inglés Eduardo de Woodstock, más conocido como el príncipe Negro.

Pedro I de Castilla y León incumplió parte de lo pactado en Libourne. Tras asestar junto a tropas nabarras e inglesas una importante derrota a Enrique en las proximidades de Nájera en 1367, donde se encontraba Tello señor de Vizcaya. Dicho incumplimiento le supuso la retirada del apoyo militar de nabarros e ingleses, lo que ocasionó la derrota final de Pedro, quien moriría finalmente a manos del propio Enrique tras haber sido apresado.

La posterior muerte del hermano de Enrique II de Castilla y León, Tello I señor de Vizcaya en Portugal durante el año 1369, facilitó que el señorío de Vizcaya recayera en manos del heredero a la corona de Castilla y León, el infante Juan. Con el ascenso al trono de Juan I de Castilla y León, el título de señorío de Vizcaya quedaría unido al del poseedor del título del reino de Castilla-León.

Este trabajo sin la colaboración de Aitzol Altuna Enzunza e Iñigo Saldise Alda, no podía haber sido realizado.

*Cartulario de San Millán de la Cogolla, doc. 166.

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VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

2014/09/22

ESCOCIA, CATALUNYA,..¿Y NABARRA? ¿DÓNDE ESTÁ EL SUJETO POLÍTICO?

ESCOCIA, CATALUNYA,..¿Y NABARRA? ¿DÓNDE ESTÁ EL SUJETO POLÍTICO?
José Luis Yaben, Donostia-Nabarra

Inmerso en una vorágine de declaraciones sobre “el derecho a decidir”, independencia, ect., ect., nos sorprende el lehendakari Urkullu en una visita a la Universidad de Columbia (New York), con las siguientes manifestaciones: “para el año 2020, Euzkadi (1982), solicitará la opción de independencia como por derechos históricos le corresponde”.

Ciertamente, no llego a adivinar a qué derechos se refiere, considerando que él es solo el lehendakari de tres territorios: Bizkaia, Araba y Gipuzkoa.

Por mi parte, le recordaría al Sr. Urkullu, que los auténticos derechos históricos que asisten a todos los vascos, consisten en la recuperación del antiguo y único Estado que han tenido titulado como Ducado de Baskonia, reino de Pamplona o reino de Nabarra, finalmente.

Dado que al parecer, usted “desconoce” u “omite” la historia o cultura de Euskal Herria o Nabarra, será un placer, y con el máximo respeto, en ofrecerle unos pasajes resumidos de ambas.

-Ya antes del año 778 (Batalla de Roncesvalles-Astobizkar), los vascones se estaban defendiendo de las invasiones de diferentes pueblos; su territorio se denominaba Vasconia primero, Reino Pamplona después y Reino de Nabarra finalmente.

-El Códice de Roda del siglo X refleja la soberanía del Reino de Pamplona, con Sancho el Mayor -llamado por los Omeyas el Señor de los vascos-, como soberano de toda Vasconia. Una Vasconia que abarcaba lo que se denomina hoy Comunidad Autónoma Vasca, Labourd, Alta y Baja Navarra, Soule, Foix, Rioja, Bearne, Alto Aragón, Belorado, etcétera.

-El mapa político más antiguo que se conoce de Vasconia o Nabarra se dibujó hace mil años en el monasterio vascón de Saint-Sever (Landas), y refleja la localización, en aquella época, de los pueblos europeos.

-Vasconia se remonta a los primeros testimonios escritos, como en las monedas batidas a comienzos del siglo II antes de Cristo (Barscunes).

-Estuvo integrada totalmente en la vida política de la Europa romana durante setecientos años y, durante otros trescientos, enfrentada a los nuevos poderes germánicos, visigodos y francos, surgidos tras la caída de Roma. Contaba con su propio derecho pirenaico, específico en Europa.

-Tras este milenio de andadura y después del año 824, surgió en su seno el Reino de Pamplona, después llamado Reino de Nabarra, que duró hasta 1841; es decir, dos mil años de pervivencia política frente a los ciento sesenta y dos años de testaruda negación de la realidad estatal de Nabarra. La desmembración de aquel reino es de sobra conocida.

-En el año 1199, reinando Sancho el Fuerte, sufrió la ocupación militar por Castilla de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, que finalizó en 1200. De forma que estos territorios de la Nabarra marítima quedaron separados del resto del Reino.

-Posteriormente, con malas artes, bulas falsificadas, y a sangre y fuego, Castilla, con el Duque de Alba al frente, invadió la Alta Nabarra (1512), y como consecuencia de la batalla de Noain (1521), con más de 5.000 combatientes navarros muertos, se inició la pérdida de lo que restaba de aquel estado soberano al Sur de los Pirineos y el Bidasoa.

Y así quedó un pueblo sometido por la fuerza, perseguido, torturado, desprovisto de bienes, haciendas y cargos, en manos del terrorismo del Estado español; algo que el escritor baztanés Pedro Esarte, en su libro Navarra 1512-1530, describe magníficamente. 

¿Conoce usted esta historia de Navarra, Sr. Urkullu?

Respecto a la cultura de Nabarra y centrándonos en su lengua, el euskera o vascuence, quisiera comentarle, por ejemplo, que la Editorial Mintzoa publicó recientemente 365 copias de un manuscrito donde aparece por primera vez la expresión lingua navarrorum para referirse al euskera, lengua de los navarros. Dicho manuscrito data del año 1167 y se encuentra en la Catedral de Pamplona, habiendo realizado el archivero D. José Goñi Gaztanbide, recientemente fallecido, un análisis exhaustivo de este importante documento.

La reina de Nabarra Margarita de Angulema y Enrique II el zangotzarra acogieron en su corte a los más reputados humanistas y escritores de su tiempo (XVI). La propia reina, escritora de gran calidad, publicó el Heptamerón -cuentos picantes de carácter erótico-, una obra de gran éxito, avanzada para aquellos tiempos e incluso para los actuales. W. Shakespeare que se inspiró en una obra de Margarita para su obra Trabajos del amor perdido, declaraba entusiasmado: "Navarre shall be the wonder of the world" (Nabarra será la admiración del mundo). También protegieron al gran escritor francés Rabelais, autor de Gargantua y Pantagruel, obra en la que aparece un discurso en euskara.

El bajonavarro Bernat Etxepare publica en 1545 su obra Lingua vasconum primitiae (primicias de la lengua de los vascones); un compendio de hermosos poemas religiosos y eróticos. Fue nuestro primer escritor y es también nuestro primer autor erótico.

Liberada de los monjes, la cultura vivió una fortísima eclosión: el Renacimiento. Una de sus características es la defensa del idioma nacional frente al latín, idioma de las élites culturales ligadas a la Iglesia.

Así como Erasmo tradujo el Nuevo Testamento al holandés, Lutero publicó la Biblia en alemán, y en 1571 y por encargo de la reina de Nabarra, Juana de Albret, Joanes de Leizarraga tradujo al euskara el Nuevo Testamento. (Cuyo original se adquirió por el Gobierno de Navarra hace unos años, en una importante sala de subastas en London).

Este renacimiento del euskara como lengua literaria fue auspiciado por los reyes de Nabarra. Por primera vez una institución política apostaba por el euskara rescatándolo de la oralidad y dándole significado político. Era la lingua navarrorum, la lengua de los navarros.

Sigo con una declaración de Arturo Campión en Pamplona en 1923:

"Nabarra fue pueblo, nación, patria y estado. Asístele pleno y absoluto el derecho a la vida nacional que le han arrebatado".

Usted, Sr. Urkullu, ejerce como lehendakari de los antiguos territorios de Caristia (Bizkaia), Bardulia (Gipuzkoa) y Autrigonia (Araba); pero existen además, Lapurdi, nafarroa y Xiberoa, cuyo conjunto es Nafarroa osoa; y aquí sí tenemos el sujeto político para recuperar nuestro estado, el estado de todos los vascos.

"Arrazoiak gizon egiten gaitu, egiak pertsonak." (Las razones nos hacen hombres, la verdad, personas).

2014/09/19

Orígenes de la historiografía contra el reino de Nabarra

Orígenes de la historiografía contra el reino de Nabarra
 Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra

“¿Quién de ti habla o escribe
que, recordando tu esplendor pasado,
no diga: «Grande fue, mas no es la misma»?...
¿Quién te arrancó la espada? ¿Quién, di, te traicionó?”.
Giacomo Leopardi (1798-1837), poeta italiano.

Se le considera a Juan Martínez de Zaldivia (1500-1575), tolosarra, varias veces alcalde y capitán de las milicias de su municipio así como abogado de las Juntas Generales de Gipuzkoa, el padre de lo que se llamará “nobleza universal” de todos los gipuzkoanos por su libro “La Hidalguía de los guipuzcoanos” (1545-1552). Pero su obra principal fue “Suma de las cosas cantábricas y guipuzcoanas” terminado en 1564, el primer libro sobre la historia de Gipuzkoa.

Es también a Martínez de Zaldivia a quien se le atribuye por este libro la primera teorización sobre el “vasco-cantabrismo” relacionándolo sólo con el occidente baskón. Siguiendo la tradición, para este tolosarra eran los vascos los habitantes primigenios de las Hispanias desde su llegada a la península junto al bíblico Tubal, nieto de Noé. Basándose en un rico elenco de fuentes, Zaldivia, asimiló también los cántabro-vascos a los íberos como lo hiciera Ximénez de Rada en el siglo XIII y dejó escrito que su libro: “es una suma de todo lo que después del Diluvio y venida de Tubal a España es digno de ponerse en memoria de la nación vascongada y particularmente desta provinçia, las hazañas que los della han hecho en diversos tiempos hasta nuestros días”. Aunque publicada tardíamente en 1945, el manuscrito fue utilizado profusamente por los historiadores de la provincia y otros muchos, junto a la compilación de Actas del propio Zaldivia llamado “Libro Viejo de Guipuzcoa”, acabado sobre 1565 y publicado en 1991 por Eusko Ikaskuntza.

El otro gran cronista gipuzkoano de ese siglo fue Esteban de Garibay (1533-1599), mondragonés, alcalde de su municipio en 1568, corregidor de Toledo en 1582 y alcalde de Sacas de Gipuzkoa (tesorero) entre otros cargos, pero se le conoce sobre todo por su labor como influyente cronista del rey español Felipe II desde 1592, tras años de residencia en su Corte. Garibay fue coetáneo de Zaldivia con el que participó en las escaramuzas fronterizas contra Francia en Hondarribia y San Juan de Luz-Lohitzune, sobre todo en la quema de esta villa en 1558.

Garibay fue el que comenzó el discurso de una “voluntaria incorporación” a Castilla de los “íberos-cántabros” independientes de todo yugo desde tiempos de Tubal, mediante un pacto con el rey de Castilla a cambio de conservar los Fueros. Sobre la invasión de la Nabarra Occidental decía Garibay: "El rey Theobaldo (s. XIII) no solo repugnaba esto, diziendo auerse hecho aquello con violencia contra todo derecho, más aún pedía, que deuian ser restituidas a la Corona de Navarra todas las tierras desde Atapuerca, lugar cerca de Burgos, pidiendo a Bureba, Rioja, Alaua, y aún Guipúzcoa y Vizcaya y las merindades de Castilla la Vieja, como en los tiempos pasados auian andado en la misma corona" (lib. XXV, cap. VI). Es decir, la Nabarra Occidental fue conquistada “con violencia contra derecho”, pero Gipuzkoa, en esas circunstancias, se separó y pactó libremente su incorporación a Castilla.

Garibay fue comisionado por las Juntas Generales de Gipuzkoa en 1559 para defender esta tesis del pacto de incorporación a Castilla frente a los castellanos que defendían la conquista, encabezados por Pedro Alcocer el cual había escrito un libro donde se narraba la invasión de Nabarra de 1200 y la conquista de Gipuzkoa. Garibay esgrimió “el carácter paccionado de su reconocimiento a la Corona”. Julio Caro Baroja señalaba que el cronista mondragonés tenía “la idea de que las libertades forales suponían la existencia de un Estado dentro del Estado”. Incluso, mientras estuvo en la Corte española, trató de conseguir el título de “reino” para Gipuzkoa (durante los años 1585-1590 por indicación de los influyentes Idiáquez), idea rechazada por las propias Juntas Generales pues veían con ello peligrar los Fueros.

El doctor en historia Jon Andoni Fernández de Larrea nos muestra que la idea de la “voluntaria entrega” no existían antes de Garibay: “La cuestión más polémica de la conquista castellana es la supuesta colaboración, o falta de resistencia, que la aristocracia de Guipúzcoa y de Álava pudo prestar al ataque de Alfonso VIII y la entrada pactada bajo su soberanía. Ninguna de las crónicas del siglo XIII hace la más mínima referencia a ello, como tampoco la hacen las crónicas navarras de los siglos XIV y XV. Ni siquiera Lope García de Salazar, el autor que más páginas dedica a la historia del País Vasco medieval, nos habla de nada parecido. Nada hay escrito sobre el tema hasta la segunda mitad del siglo XVI. Es Esteban de Garibay quien narra por primera vez cómo, al invadir Alfonso VIII Álava, los guipuzcoanos –ofendidos por desafueros desconocidos que les habría infligido el rey de Navarra– decidieron transferir su fidelidad al monarca castellano”.

Martínez de Zaldivia, bachiller en Leyes, siguió en su obra “Suma” de 1564 con la idea de Garibay de un pacto y siguió con la teoría del enfado de los gipuzkoanos con el rey de Nabarra por sus desafueros como motivo de su salida “voluntaria” del reino baskón (aunque hoy no cabe pensar que Gipuzkoa pudiera tener unos Fueros distintos a los comunes del reino). Sin embargo y como novedad, Zaldivia en su discurso negaba la conquista e insuflaba a la crónica un antinabarrismo furibundo. Juan Martínez de Zalvibia del bando oñacino procastellano, inició una historiografía y sobre todo un discurso de fuerte carga antinabarra, de aquella Nabarra recién invadida entonces entre 1512-1524 y que aún se revolvía libre contra los imperios español y francés desde los territorios ultra pirenaicos. El propio Julio Caro Baroja describía la "Suma" de Zaldivia como: “heroico-fantástica en parte, pero muy interesante desde el punto de vista sociológico, porque nos hace ver ciertas de las ideas comunes en Guipúzcoa acerca de los males producidos por los bandos, las atribuciones de la Monarquía, la enemistad hacia Navarra, etc.” (…)

Según la Enciclopedia Auñamendi: “Se trata de una obra desigual, con notorias exageraciones propias de la época, sobre los orígenes de la provincia, claramente castellanófila y, por tanto, antinavarra, a la que siguieron como plantilla los historiadores guipuzcoanos subsiguientes”.

Martínez de Zaldivia decía cosas contra el reino de Nabarra como: “viendo los guipuzcoanos al rey de Castilla, cuyos según razón debían ser, pues antes en tiempo de los godos eran, tan cerca de su tierra, acordaron de volver a ser suyos y no del rey de Navarra de quien estaban descontentos por agravios que les hacía, y llamando al rey Don Alonso (en referencia al invasor Alfonso VIII), le entregaron los castillos y la tierra, lo cual bien se puede entender ser así, pues el rey fue a San Sebastián con solamente 20 de a caballo y no intervinieron armas ni pelea alguna.” (...)

Es decir, no hubo conquista y los propios gipuzkoanos llamaron al rey de Castilla para cambiarse de Estado. Zaldivia incluso manifestaba que Castilla era el Estado originario de Gipuzkoa, aunque no explicó cómo estaba entonces dentro del Estado baskón: “los guipuzcoanos, después que volvieron al prístino estado de ser castellanos, como gente libre y no conquistada y obligada a extender la corona de Castilla de quien realmente ellos eran”.

La explicación del “antinabarrismo” del oñacino Zaldivia está en la brutal invasión castellana de la Nabarra Occidental de 1200, la cual trajo fuertes problemas sociales además de los políticos al tener que dividir los ancestrales pastos comunales entre dos Estados enemigos, se llamará "la frontera de malhechores". La poderosa familia de Azpeitia de los Oñaz era la más perjudicada por tener intereses en Urbasa, en la Burunda, en el Goierri gipuzkoano y en los pastos comunales de Aralar, tierras a caballo entre la Nabarra conquistada y la Nabarra libre. En 1321 tuvo lugar la Batalla de Beotibar (paso de Tolosa al valle de Leizaran en la sierra de Aralar), que constituyó el momento álgido de la “Guerra de Banderizos” entre las familias que seguían luchando por su libertad nabarra y las que intentaban sacar provecho de la conquista castellana como la familia de Zaldivia. En realidad, en Beotibar, hubo unos 50 muertos en cada bando y no fue más que una escaramuza fronteriza que se conmemora aún hoy en Tolosa por San Juanes con el “bordoi dantza”.

Castilla había reforzado para entonces la Nabarra conquistada creando villas en 1256 a lo largo de la nueva frontera, eran las villas de Segura, Ordizia y Tolosa; todas ellas sobre anteiglesias nabarras preexistentes. En 1355 Castilla volvió a invadir Nabarra y se quedó con los castillos de Ataun y Ausa en Aralar, tras la traición de su tenente Pedro Ladrón de Gebara; Ausa está en el municipio de Zaldibia, castillo donde el bachiller Martínez de Zaldivia sitúa el origen de su casa solar. Se creó en los siglos XIV-XV “La Hermandad de frontera” para poner paz entre hermanos, la cual será el germen de la actual provincia de Gipuzkoa con tres antiguas tenencias nabarras (Iputz, Aitzorrotz y San Sebastián).

Hay otra cuestión que también debió de tener una gran importancia en el antinabarrismo de Zaldivia. Tanto Zaldivia como Garibay eran fervientes católicos y la corona española a la que sirvieron era la espada del emperador de Roma o papa. Mientras, la reina nabarra Juana III de Albret o Labrit se había declarado protestante adjurando de la religión católica, lo que provocó una nueva invasión francesa y española del entonces pequeño reino pirenaico; pero la reina siguió en sus trece tras conseguir in extremis expulsar a sus grandes enemigos, y, mediante el “Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Nabarra”, otorgó la libertad de culto a sus ciudadanos (1568). Fue la Nabarra reducida el primer estado aconfesional de la historia y siguió así asombrando al mundo.

El historiador gipuzkoano José María Olaizola lo narraba de esta forma a finales del siglo pasado: “En el año 1560, en la cena de Navidad, la reina Juana abjuró en Pau de la religión romana e ingresó en la Reforma. (…) No así su marido Antonio de Borbón, conde Angulema, que llegó a traicionar a su mujer entregándosela al rey español Felipe II y a los católico romanos a cambio de ser nombrado rey de Alta Navarra, tras adjurar de su esposa y casarse con María Estuardo de Escocia en la isla de Cerdeña. Pero murió Antonio en 1562 sin que se cumplieran lo acordado. Felipe II planeó invadir Baja Navarra, el Beárn e incluso los territorios en manos de Francia de Juana III, para lo que pidió su excomunión al papa Pío IV (1559-1565): nos la declaramos inhábil para conservar el reino de Navarra, el principado de cualquier Estado, de cualquier dominio, el que sea (…) que sean y puedan ser dado a los que convenga mejor a sus Santidad (…)”.

“La Batalla de Beotibar”, canto épico más antiguo en euskara, recogido por primera vez por Martínez de Zaldivia, aquí se transcribe la versión que Garibay recogió en su Compendio (Amberes 1571):

“Mila vrte igarota
vra vere videan.
Guipuzcoarroc sartu dira
Gazteluco echean,
Nafarroquin batu dira
Beotibarren pelean”


(Pasados mil años/el agua sigue su cauce/Han entrado los gipuzkoanos en sus castillos/se han juntado en lucha en Beotibar con los nabarros)

2014/09/05

EL NABARRO-CANTABRISMO

EL NABARRO-CANTABRISMO
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra

Durante siglos se ha creído que los cántabros de época romana éramos los euskaros, en todo o en parte de nuestro territorio. La existencia de un idioma no romance y de un Pueblo, el baskón, que sobrevivió al imperialismo romano conformándose en el siglo XI como la nación cristiana más poderosa de la península ibérica y de parte de la Galia, hizo que los cronistas medievales nos asociaran con los “cántabros” que resistieron de forma estoica a los romanos, debido también a cierta oscuridad de los autores romanos a la hora de definir los límites de los Pueblos que habitaban lo que hoy conocemos como Golfo de Bizkaia o Gascuña, y, sobre todo, en cuanto al idioma que hablaban los mismos.

La cuestión tiene un precedente remoto. El antropólogo español Julio Caro Baroja en su libro “Los vascos y la historia a través de Garibay” menciona al historiador leonés Lucas de Tuy, “el Tudense” (fallecido en 1249), el cual en su “Chronicon mundi” llamó “rey de Cantabria” al rey de Nabarra y “cantábricos” a todos sus súbditos, cuando ya los reyes de Nabarra no usaban el término que en los siglos X-XI se empleó para denominar a lo que pasó a ser La Rioja (para más detalle a este respecto se puede leer el artículo anterior “Las seis Cantabrias y los baskones”). En ese s. XIII el cronista de Castilla Rodrigo Ximénez de Rada, creyó que el euskera era el antiguo íbero, lo que añadió otro ingrediente más al supuesto enigma.

Serían las primeras referencias historiográficas conocidas a la cuestión del “cantabrismo” de los baskones. Pero la polémica entre eruditos estalló mucho después, en el siglo XV, cuando la historia y las leyendas aún se entremezclaban y se interpretaba el origen de toda nación europea a través de la Biblia, por lo que todos los euskaldunes veníamos directamente de Tubal, nieto de Noé, debido a una alusión del cronista judeo-romano Flavio Josefo del s. I al patriarca Tubal y su posible llegada a la península ibérica.

Durante los siguientes siglos, los historiadores relacionaban a todos los nabarros con los cántabros de los textos de época romana y visigoda, aunque a veces sólo a los del sur pirenaico e incluso otros autores y políticos tan sólo a los alto-navarros. Según recoge la Enciclopedia Auñamendi, existió toda una corriente historiográfica que relacionaba a nabarros con los cántabros comenzada por el cronista soriano Alonso Fernández de Palencia (conocido como Alfonso de Palencia, 1423-1492), el cual llamó «Regum Cantabriae» en el siglo XV al reino de Nabarra en su Crónica del rey castellano Enrique IV “Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis”. Del mismo modo, el Obispo de Gerona Juan Margarit Pau (1421-1484) de la corona de Aragón, en su “Paralipómenon Hispaniae”, expresó en latín que “la Cantabria contenía todo el reino de Nabarra, y tenía los tres pueblos de várdulos, vascones y berones”, por tanto incluía a todos los nabarros del sur dentro de los términos “cántabros” y lo igualaba al de “nabarros”.

Es interesante la distinción de la bula “Pastor Ille coelestis” del papa Julio II por imposición de Fernando “el Falsario” de Aragón, la cual justificaba la invasión de Alta Navarra (1512) y que estaba dirigida a los “vascis (vasco en singular, en relación a los bajo navarros del norte del Pirineo)” y “cantabris” (en relación a los alto navarros al sur del Pirineo), la cual decía así: “advirtiendo a los vascos y cántabros y gentes circunvecinas (por tanto también a nabarros occidentales y baskones en general), que siempre fueron devotísimos de dicha Santa Sede (sic.), que se aparten de la alianza con cismáticos bajo pena de excomunión latae sententiae, en la que incurrirán”. El texto dejaba claro que el papado en ese momento identificaba a los cántabros sólo con los alto-navarros.

Tras la conquista de Alta Navarra (1512-1530), el soldado de fortuna Pedro Navarra que luchaba con Francia contra España en la península italiana, fue enterrado en la iglesia Santa María de Nápoles, con una lápida donde dice: “Osiibus et memoriae Petri Navarri cantabri”, frase que su casi contemporáneo Pierre Brantôme (1540-1614) tradujo como “a los huesos y a la memoria del vizcaíno Pedro Navarro”. Pues “bizkaíno” en lengua romance equivalía en aquel entonces a “cántabro” en latín o a “euskaldun” en euskera. Por tanto, “cántabro” también podía emplearse para las tierras o el Pueblo que hablaba euskera, o, como ya era común denominarla entonces en euskara o lingua navarrorum: Euskal Herria.

El literato Fray Antonio de Guevara al escribir en 1539 en sus “Epístolas familiares”, tenía bien claro dónde estuvo Cantabria: «el oráculo de los hispanos era Proserpina, cuyo templo estaba en Cantabria, que ahora se llama Navarra». El gran intelectual de la época fue Martín Azpilikueta, el Dr. Nabarro, se declaraba “me esse Navarrum et Cantabrum” en su “Carta apologética” de 1570, donde nabarro es la nación política y cántabro la nación cultural-lingüística (por tanto hoy equivalentes a nabarro y a baskón-euskaldun). El patrono del euskera y de Nabarra San Francisco Xabier, nacido libre en 1506, se decía a sí mismo “bizkaíno” cuando escribía en romance y “cántabro” en latín (euskaldun), como en su presentación en París, según recoge el historiador Arturo Campión (s. XIX) al hablar del santo (Revista HARIA septiembre 2010).

Otros muchos identificaron claramente “cántabro” con “euskaldun”, como el historiador francés Joseph Justus Scaliger (1484-1558), el cual consideraba cántabros a los habitantes de los Pueblos en que se habla el euskera, pues todavía no se usaba de manera general la voz “vasco” que extendió el etnólogo y naturalista alemán Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX, limitada entonces por los franceses o el Vaticano a los euskaldunes del norte (voz documentada desde el siglo I a.C.). La polémica incluso “saltó el charco”, pues Balthasar Echave "el Viejo" escribió su “Discurso de la antigüedad de la lengua cántabra” en México en el año 1607, el primer libro de un euskaldun en América, el cual era una encendida defensa del uso del euskara entre los vasco-americanos. En este autor, la lengua cántabra es el euskera.

El cronista del rey español Felipe II, el mondragonés Esteban de Garibay (1533-1600), identificó también a los cántabros con los euskaldunes y nos aportó un dato más, pues dejó escrito que era más una palabra erudita y que la común en romance para la lengua “navarra” era la de lengua “bascongada”: “También en la navarra, llamada de otra manera cántabra, que comúnmente dezimos bascongada, la cual era su natural y materna lengua”. Garibay dijo sobre el insigne navegante gipuzkoano que circunvaló por primera vez el globo terráqueo: “Juan Sebastián El Cano, de nación cántabro, natural de Guetaria”.

Pero Garibay, en otro texto de su libro “Compendio historial de España”, dejaba claro que los “cántabros” eran todos los habitantes del Estado baskón de Nabarra, tanto al sur como al norte de los Pirineos, y describió de paso así la frontera histórica del reino baskón: “la Cantabria tenía por el Septentrión al Océano, por el Occidente las Asturias de Santillana (en relación curiosamente a la Cantabria prerromana, entre los ríos Asón al Sella –que difiere por tanto de la actual-), por el Mediodía las aguas del Ebro con los llanos que desde Logroño corren por Navarra hasta los montes Pirineos, y por el Oriente a Francia”. Nabarra era aún un Estado libre en Baja Navarra, con una corona común sobre los Estados de Nabarra, Bearne y Andorra.

Garibay fue comisionado por las Juntas de Gipuzkoa en 1559 para defender la tesis de un pacto de incorporación a Castilla frente a los castellanos encabezados por Pedro Alcocer, los cuales defendían la conquista y por tanto pretendían eliminar los Fueros o leyes consuetudinarias del reino baskón. Entre la argumentación en la defensa foral de Garibay se encontraba el tubalismo, el iberismo y el “cantabrismo” mencionados de los irredentos euskaldunes, libres de sangre mora, y que “pactaron” con la corona castellana. Es el comienzo del “pactismo” como fórmula política de incorporación de todos los nabarros en general a la corona de Las Españas (aeque principalis).

El médico alto navarro del partido beamontés y cronista como Garibay del rey español Felipe II, Diego Ramírez de Avalos de la Piscina, a mediados del siglo XVI escribía “Historia Cantábrica” para hablar de la historia de Nabarra. También identificó a los nabarros como cántabros el cronista valenciano Pere Antoni Beuter en su primera parte de la “Crónica general de toda Hispania” publicada en 1604. De los últimos en identificar a los cántabros con todos los nabarros será el poeta gallego Francisco Trillo Figueroa (1615-1675), autor de la “Neapolisea” (1651), poco después de la pérdida total de la soberanía del reino baskón tras la ocupación de las Cortes de Pau y en los Estados Generales de Nabarra de Donapaleu en 1620.

Ya conquistado el norte y el sur del Estado baskón de Nabarra, el “cantabrismo” se siguió identificando con los euskaros en general, pero, cuando se situaba a los cántabros de época romana geográficamente, se desplazaba su situación hacia las tierras de autrigones (río Nerva o Nervión al Asón) y caristios (del Nervión al Deba) e incluso a veces hasta los várdulos (del Deba al Urumea), correspondientes a la Nabarra Occidental (Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba y las tierras autrigonas después enkartadas hoy dentro de la CC. AA. de Cantabria), lo cual traerá nefastas consecuencias para los nabarros como explicaré en otro artículo.

2014/09/02

Euskadi Nafarroa da

Euskadi Nafarroa da
Sebastián Martija Arruti, Zarautz-Nabarra
Diario de Noticias de Gipuzkoa

Euskadi Nafarroa da La disposición transitoria cuarta de la actual Constitución española establece el procedimiento mediante el cual la actual comunidad foral Navarra se podría incorporar a la comunidad autónoma vasca si así lo quieren sus instituciones y el pueblo navarro. El dicho de "Nafarroa Euskadi da" fue así incluido por las fuerzas nacionalistas que estuvieron en el proceso constituyente del año 1978. Viéndolo desde el punto de vista del tiempo transcurrido, quizás fue un error estratégico de las fuerzas nacionalistas vascas. La realidad histórica dice que las provincias que hoy forman la comunidad autónoma vasca estuvieron dentro del reino de Navarra hasta principios del siglo XIII, que fueron conquistadas por la fuerza por el rey de Castilla Alfonso VIII. Es decir, el reino de Navarra fue durante cientos de años, el reino de todos los vascos o "vascones".

En estos momentos, en los que se hablan de cambios en la Constitución con el tema del derecho a decidir, quizás deberíamos de plantear el cambio de esa disposición transitoria y que fuese la comunidad autónoma vasca la que se integrara en la Navarra. Si esta posibilidad existiese de verdad, no me cabe ninguna duda, que tanto las instituciones vascas como el pueblo vasco, verían con buenos ojos este primer paso, para volver a constituir el antiguo reino de los vascos. Supongo que Navarra no se atrevería a rechazar, el volver a incorporar territorios, que se le quitaron por la fuerza y sólo nos quedaría por resolver, el problema de Iparralde.

¿Transitoria cuarta de la Constitución del Reino de España? Ez, milesker.

¿Transitoria cuarta de la Constitución del Reino de España? Ez, milesker.
Iñigo Saldise Alda

La transitoria cuarta de la Constitución española vuelve a estar en boca de todos, al menos en la Comunidad Foral de Navarra, tras la última de las declaraciones de la española Yolanda Barcina. Hace al menos ocho año que escribí un artículo en el cual me posicionaba en contra de dicha Transitoria, pero no por los mismos planteamientos que la burgalesa. Mi posicionamiento es debido a que dicha Transitoria existente en la Constitución del Reino de España y por consiguiente extranjera y contraria las Leyes de Nabarra o Fueros, permite a la provincia española de la Navarra reducida y residual, entrar a formar parte de la comunidad autónoma vasca, siempre que sea refrendado en consulta o referéndum por los ciudadanos de la susodicha comunidad Foral y Española de Navarra.

Visto a simple vista desde los planteamientos políticos encuadrados dentro de la ideología del nacionalismo vasco de carácter aranista, dicha Transitoria cuarta puede llegar a ser considerada y de hecho lo está por muchas personas de esa órbita política, como un adelanto para conseguir la tan ansiada unidad de los territorios vascos, esos sí, dentro de la legalidad encadenada que nos otorga el Reino de España, formándose con ello un lauburu dentro de la Comunidad Autónoma Vasco o Euskadi.

Mi posicionamiento en contra de la Transitoria cuarta de la Constitución española, no tiene nada que ver con el razonamiento esgrimido por los partidos nacionalespañolistas como UPN, PP y UPyD, por ejemplo. Estos  se posicionan en contra no porque la Navarra reducida perdiese su estatus de Comunidad Foral en sí, ya que al igual que las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava lo seguiría manteniendo. El motivo material más que político y a mi modo de entender exclusivo, es que están en contra porque sí perdería su carácter diferenciado con respecto a otras Comunidades Autonómicas españolas. Esto finalmente, le haría imposible continuar realizado sus nefastas acciones económicas, especialmente que van en contra de los intereses de los ciudadanos de la provincia de Navarra por sus nefastas gestiones, y que solo les ha servido para su enriquecimiento personal  gracias a su corrupción dentro de un sistema de cortijo, al más puro estilo medieval.

Algunos partidarios de la recuperación de la plena soberanía de nuestro Estado, Nabarra, también estamos en contra de la “problemática” Transitoria cuarta. No nos importa la eliminaran de la Constitución del Reino de España, ya que no es nuestra Constitución. Pero como comprenderéis, esto no significa que sea por los mismos argumentos que los políticos de UPN, PP y UPyD, por ejemplo, sino por nuestros respectivos planteamientos políticos encaminados hacia la libertad, la independencia y la soberanía de Nabarra. Desde estos diversos planteamientos que confluyen en la misma vía, la Nabarra,  consideramos que lo que hay que conseguir es que nuestro histórico Estado vuelva a estar en los mapas políticos de Europa y por ende, del Mundo. Siempre desde la base histórica de la independencia del Estado de Nabarra con respecto al de los estados vecinos de Francia y España.

Nuestro trabajo libertario, sin preocuparnos de la dichosa Transitoria cuarta, está en conseguir que en todos los territorios de Bakonia, se lleve a cabo una política firme y seria para recuperación de la memoria histórica, para que así los vascos independentistas de toda Euskal Herria, vuelvan a cerrar filas sobre la idea de recuperación de la soberanía existente en el Estado Político Nabarra.

Personalmente considero que la incorporación de la Navarra residual a la Comunidad Autónoma Vasca o Euskadi, sería realmente un freno brutal a las aspiraciones de la soberanía de los vascos. Recordemos que Euskadi no ha existido nunca como Estado, algo que se puede comprobar incluso,  visitando y admirando las paredes de la Casa de Juntas de Gernika, corazón actual del nacionalismo vasco aranista, donde se puede admirar a todos los señores de Bizkaia, los cuales pasaron de ser de nacionalidad nabarra a ser de nacionalidad castellana, sinónimo de española. Creo, además, que la idea de intentar recuperar la independencia quedaría totalmente excluida, ya que se perdería el referente Estatal de Nabarra. Por otro lado, debería ser inaceptable dentro de la ideología nacionalsita vasca, ya que los territorios del País Vasco Francés no estarían incluidos en dicha operación. Por lo tanto, lo que hay que intentar dentro de los movimientos libertarios, independentistas y soberanistas del país, es buscar la confluencia ideológica para hallar la unidad en torno a Nabarra, comenzando por la unidad de sus Merindades, rompiendo así la frontera franco-española e intercalando de nuevo el Estado de Nabarra entre españoles y franceses. En el cual, una vez recuperada su libertad, independencia y soberanía, en su propia Constitución, se podría poner una transitoria para la recuperación de los demás territorios perdidos en las sucesivas invasiones, tanto españolas como francesas.

Un donostiarra, nacionalista vaso él, me hizo comprenderlo con más claridad en una conversación al respecto. Según él: “La Comunidad Foral de Navarra todavía lo tiene mejor, aún le queda la Ley Paccionada”. Y eso que esta Ley conlleva la pérdida del propio autogobierno, a modo cuasi de Estado, que sostenía desde la invasión del año 1512 hasta el final de la primera guerra carlista en el año 1839. ¿Cómo podremos alcanzar la independencia dentro del Estatuto  Vasco y Español de la Comunidad Autónoma Vasca o Euskadi? ¿Tenemos otro Plan? ¿Referéndum tal vez?

Para ir acabando, indudablemente la Transitoria cuarta pude significar a corto plazo, un avance en la unidad de los vascos que estamos dentro del Reino de España, pero a la larga sería una condena absoluta para la recuperación de la soberanía de nuestro Estado propio que es Nabarra. Recordemos que la Transitoria cuarta no contempla la unidad de los vascos en su totalidad y mucho menos su soberanía. Como ya he dicho no se tienen en cuenta los territorios vascos de Iparralde. Tampoco se tiene en cuenta los demás territorios históricos de Baskonia, que conformaron en libertad el Estado de Nabarra, y que se encuentran también bajo el yugo imperial del Reino de España y de la República de Francia.

Yo, como muchos otros vascos, estoy a favor de una unidad política, pero libre e independiente dentro de un Estado propio y soberano, lo que al contemplar la política  a través de la historia, nos dice claramente que eso solo es posible en el Estado de Nabarra.

Gure helmuga, Nuestra meta...el Estado de Nabarra, Nabarrako Estatua


2014/09/01

Recordando a Martin Ttipia y a los vitorianos, treviñeses y portillanos del 1200

Recordando a Martin Ttipia y a los vitorianos, treviñeses y portillanos del 1200 
Jesus Perez de Viñaspre Txurruka, Gasteiz-Nabarra

Sello del acta fundacional de la ciudad
de Vitoria sobre el poblado de Gasteiz, 1181.
En la primavera del 1199 los castellanos invadieron el Reino de Navarra por el Oeste y sometieron a un duro asedio a Vitoria; los vitorianos a cuyo mando estaba Martin Ttipia resistieron 9 meses, rindiéndose en Enero de 1200. Mientras duró el asedio el rey castellano Alfonso VIII siguió conquistando el resto de fortalezas de la Navarra occidental (Alava, Guipuzcoa, Duranguesado), excepto la Sonsierra, resistiendo Treviño y Portilla que a la postre, y en un contexto de negociación y armisticio, fueron intercambiados por Inzura y Miranda de Arga.

Estos son los datos de la invasión castellana del 1200, invasión causante de grave quebranto para el futuro de Navarra por cuanto se vió privada de toda su costa, puertos, barcos, astilleros, ferrerías, diezmos e impuestos obtenidos sobre el pase de mercancías, además de sus territorios y habitantes que quedaban sometidos al yugo castellano. En suma, la invasión del 1200 supuso el verdadero inicio de la pérdida de la independencia de Navarra.

Tanto la resistencia de Vitoria, Treviño y Portilla, como la aparición de restos de combates en los trabajos arqueológicos realizados en castillos situados en las zonas atacadas por los castellanos (Aitzorrotz, Zaitegi, Mendikute…) evidencian que hubo resistencia armada. Si a esto añadimos las aportaciones documentales de Idoia Arrieta que revelan citas expresas sobre agresiones militares y destrucciones centradas en villas guipuzcoanas como Getaria y Donostia, así como documentos que aparecieron con anotaciones al margen sugiriendo “tener ojo” con el contenido de dicha documentación, corroboran de modo determinante y concluyente la realidad de la guerra y de la resistencia que opusieron los habitantes de la Navarra Occidental, refutando y desmintiendo la existencia de “pacto o voluntaria entrega”.

La estrategia que utilizaron los castellanos para consolidar el dominio y subordinación de los nuevos territorios conquistados se basó en dos pilares. Por una parte, feudalizaron la sociedad dejando el poder a los señores vascongados que traicionaron a Navarra; por la otra, crearon una línea de frontera (llamada de malhechores) entre lo que hoy son las Provincias Vascongadas y la Comunidad Foral de Navarra con la concentración de la población a todo lo largo de ella, en una serie de villas fortificadas (Kontrasta, Kanpezu, Salvatierra, Segura, Villafranca, Tolosa, Hernani...). Esta frontera no era natural puesto que no había una división étnica, cultural, económica, geográfica ni de ninguna otra característica que la definiera como tal. Era una frontera artificial en un lugar en el que nunca antes había existido.

Esta partición territorial y humana de carácter político generó el surgimiento de una nueva identidad, entre ellas la vascongada. Los navarros no conquistados que vivían en el Reino de Navarra que seguía independiente, se reconocían como navarros (denominación política) aun continuando siendo vascos. Por contra, los navarros conquistados no podían llamarse navarros (motivo de traición de lesa patria para los castellanos) por lo que adoptaron la denominación etnolingüística de vasco (vascongado). Peor suerte tuvieron los treviñeses quienes, al cabo de cierto tiempo, fueron doblemente aherrojados pasando a ser directamente castellanos.

Durante 3 siglos Castilla promovió campañas de hostigamiento hacia Navarra desde la línea de villas fortificadas que dieron lugar a luchas fratricidas, las cuales mantenidas a lo largo de tanto tiempo inevitablemente deberían dejar huellas y marcas profundas en las poblaciones. Y efectivamente surgió una conciencia de partición, de fractura radical, de ser de otra tierra, de ser enemigos…A esta nueva conciencia se añadió el olvido, inducido por el dominante, de la causa de la partición, lo que conllevó la aceptación por parte del dominado de las señas de identidad instigadas por aquél. Esta política de Estado (Castilla, España) ha buscado tras la invasión y división territorial, artera y sibilinamente, la creación de nuevas identidades a partir de una situación homogénea con el objeto de conseguir el debilitamiento del sujeto histórico y político. Nueva identidad, nueva ideología, nueva realidad.

Y de estos mimbres se valió Castilla para que guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos tomaran parte en la conquista de la Navarra independiente (1512). Y de la misma manera posteriormente, España hizo lo propio para que requetés navarros y alaveses conquistaran Guipúzcoa y Vizcaya en 1936-1937.

Los sucesos del 1200 y sus consecuencias tienen implicaciones importantísimas en la situación política actual de nuestro pueblo. Es la causa y origen de la división política y mental de la Euskal Herria que hoy conocemos, que se plasma en los centros de decisión, sea en la administración, sea en las leyes, sea en la aplicación de política lingüística, sea en la organización del territorio, sea en los símbolos… pero sobre todo en el tema de la identidad. Y así los parámetros que el dominante aplica a la ciudadanía de Euskal Herria es la de vascos y navarros, vascos nacionalistas y no nacionalistas, navarros y franceses, navarros y vascos…

El que los habitantes de Vitoria, Treviño y Portilla no se rindieran y resistieran a los invasores castellanos es una demostración de heroísmo, es una prueba evidente y manifiesta de lealtad hacia el Reino de Navarra, que sin embargo se olvida sistemáticamente porque no deja de ser una verdad incómoda ya que, por una parte recuerda el gran esfuerzo de sus pobladores para seguir siendo navarros, y por otra, evidencia que no hubo voluntaria entrega y sí una conquista a sangre y fuego.

Recordando a Martin Ttipia y a los vitorianos, treviñeses y portillanos del 1200 que resistieron el embate castellano defendiendo su navarridad, queremos evocar la unidad del sujeto político de nuestro pueblo, unidad esencial a mantener ante los desafíos inminentes que deberemos arrostrar para la consecución de la recuperación del Estado de Navarra y de nuestra libertad como pueblo.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

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